jueves 21 de septiembre, 2017

Francisco: “El Mediterráneo no debe ser un cementerio de inmigrantes”.

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Empresaria italiana "al rescate".

Francisco: “El Mediterráneo no debe ser un cementerio de inmigrantes”.

En uno de los discursos más esperados de su pontificado, en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, el papa Francisco llamó hoy a una Europa envejecida, “abuela” a no tener miedo y a redescubrir su “alma” e identidad humanista y cristiana. Entre otras cosas, instó a los 751 parlamentarios de los 28 países miembros de la Unión Europea, que representan a más de 500 millones de habitantes, a “afrontar juntos la cuestión migratoria” porque “no se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio”.

Recibido por una ovación al llegar al hemiciclo del Parlamento Europeo, Jorge Bergoglio, que habló en italiano, arrancó diciendo que se dirigía como “pastor” para dar “un mensaje de esperanza y aliento”.

“Un mensaje de esperanza basado en la confianza de que las dificultades puedan convertirse en fuertes promotoras de unidad, para vencer todos los miedos que Europa – junto a todo el mundo – está atravesando”, explicó el Pontífice, que con su habitual estilo directo y claro enumeró, sin eufemismos, todos los problemas que enfrenta el Viejo Continente, que está en crisis.

“Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor”, destacó, en un discurso que duró más de media hora y que fue varias veces interrumpido por aplausos.

Después de apuntar que esa soledad se agudizó por una crisis económica de consecuencias dramáticas, el Papa constató que ” junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas”.

“Se recibe una impresión general de una Europa abuela que ya no es fértil ni vivaz”
“Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio y de envejecimiento, de una Europa abuela que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones”, denunció. “A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres”, agregó, al reiterar que todo ello es resaltado inevitable de la «cultura del descarte» y del «consumismo exasperado».

Francisco aseguró luego que para volver a tener esperanza en el futuro hay que volver a abrirse a la trascendencia. “Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida es una Europa que corre el riesgo de perder lentamente la propia alma y también aquel «espíritu humanista» que, sin embargo, ama y defiende”, aseguró. Y reafirmó la centralidad de la persona humana, así como el “fundamental” patrimonio del cristianismo para la formación cultural del continente.

“Estoy convencido de que una Europa capaz de apreciar las propias raíces religiosas, sabiendo aprovechar su riqueza y potencialidad, puede ser también más fácilmente inmune a tantos extremismos que se expanden en el mundo actual, también por el gran vacío en el ámbito de los ideales, como lo vemos en el así llamado Occidente, porque es precisamente este olvido de Dios, en lugar de su glorificación, lo que engendra la violencia, subrayó.

No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas
“A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos”, agregó, provocando otro fuerte aplauso en el hemiciclo.

Enumeró luego, como desafíos para un futuro mejor, la importancia de mantener viva la democracia de los pueblos de Europa, la familia “unida, fértil e indisoluble”, la educación, el compromiso en favor de la ecología. “Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas”, aseguró, generando aplausos. “Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes”, precisó. (Fuente La Nación/Foto AFP).

EMPRESARIA ITALIANA “AL RESCATE”

PARÍS.- El llamado del Papa no cayó en saco roto. Durante su visita a la isla italiana de Lampedusa, cuando calificó de “vergüenza” la muerte de miles de migrantes que tratan de cruzar el Mediterráneo, Francisco toco el corazón de una riquísima empresaria italiana, instalada en la isla de Malta.

Aterrada de ver los peligros que corre esa gente cuando se lanza al mar en embarcaciones de fortuna con la esperanza de alcanzar las costas europeas, Regina Catrambone compró y equipó un barco para socorrerlos.

Con los ojos fijos en el horizonte, desde agosto pasado, la bella italiana y su marido norteamericano, Christopher, se convirtieron en algo así como unos “centinelas” del Mediterráneo, gracias al “Phoenix-1”, un ex pesquero de 40 metros de eslora. Ahora es el primer barco de rescate de migrantes operado en forma privada; tiene lanchas fuera de borda, drones y todo el material de supervivencia necesario para socorrer a la gente en riesgo de muerte.

A bordo, el “Phoenix-1” lleva un equipo médico especializado, marinos y personal de socorro. Con una autonomía de seis horas de vuelo, los drones cuentan con sistemas infrarrojos de detección que les permiten visualizar las embarcaciones de noche.

La idea surgió cuando ambos estaban en un crucero cerca de las costas libias y Regina vio flotando algo que parecía ser un abrigo. “Cuando le pregunté al capitán qué podía ser, se le ensombreció la mirada y respondió que seguramente se trataba de una prenda llevada por alguno de los migrantes que se ahogan cada semana en esas aguas”, relata Regina.

Después, llegó el llamado del Papa, que varias veces calificó de “verdadero cementerio marino” la zona situada entre las costas libias, tunecinas, y de Malta y Lampedusa. Según Frontex, la agencia europea que coordina las fronteras de la Unión Europea, más de 153.000 migrantes atravesaron ilegalmente el Mediterráneo entre enero y octubre pasados. En el mismo periodo, más de 3000 murieron en el intento.

“Fue una auténtica conmoción escuchar a Francisco evocar a los «ultimi», esa pobre gente que nadie quiere, y el llamado que lanzó a quienes pueden ayudar a «sus hermanos» a no morir”, dice la nativa de Reggio Calabria, profundamente católica, como su marido.

La pareja, propietaria del Grupo Tangiers, una compañía aseguradora en zonas de riesgo, decidió comprar el barco en Virginia, llevarlo a Europa, restaurarlo e invertir dos millones de dólares de su fortuna personal para crear la Fundación MOAS (Migrant Offshore Aid Station).

Elegante, refinada, extremadamente bella, millonaria, Regina Catrambone reúne todas las condiciones para ser envidiada. Hace años que está felizmente casada con Christopher y tiene una hija adolescente -igual de bella-, María Luisa. Como si eso fuera poco, ahora Regina tiene un objetivo superior: “Una misión”, como ella misma la define.

Desde agosto, el “Phoenix-1” hizo tres misiones por un total de 60 días. Cada vez que la tripulación divisa una embarcación, va a su encuentro en lanchas ultrarrápidas cargadas de agua potable, alimentos, chalecos salvavidas y material médico. Simultáneamente, previenen a las autoridades italianas o maltesas. “Si están realmente en peligro, los recibimos a bordo del buque para dispensar los primeros auxilios. Pero de ninguna manera los llevamos a tierra, para no ser acusados de ayudar a la inmigración ilegal”, precisa Marina.

En 2004, el barco Cap Anamur, de la ONG alemana Anamur, recogió 37 personas cuya barcaza se hundía en el canal de Sicilia. Cuando desembarcaron en Italia, las autoridades detuvieron a los marinos. Fueron liberados recién en 2009, después que un tribunal de Agrigento reconoció “el imperativo de salvar vidas humanas”.

Lejos de la polémica, Regina y su marido persisten en su guerra contra lo que califican de “verdadero Holocausto”.

“En 20 años hubo 20.000 muertos en el Mediterráneo. Hace un mes me reuní con un médico sirio, sobreviviente de la tragedia de octubre de 2013. Cuando la barcaza que los traía se dio vuelta, su mujer y su hija murieron ahogadas. Ese hombre lloraba mientras relataba que había iniciado ese viaje para dar un futuro a su hija. Nunca sabremos qué hubiera podido ser esa chica. Quizás una nueva Marie Curie. Cuando nos despedíamos me dijo algo que aún me hace temblar: «Si la muerte de mi mujer y de mi hija provocan una reacción, entonces no habrán muerto en vano»”, relata Regina.

Durante una misa celebrada a bordo la víspera de la primera salida del “Phoenix-1”, el sacerdote dijo a la tripulación que todos participaban en una misión decidida por Dios. El buque recibió un crucifijo dorado, que Regina siempre conserva cerca suyo cuando surca las aguas del Mediterráneo. (Fuente La Nación)

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