lunes 25 de septiembre, 2017

El papa Francisco nombró cardenal a otro argentino.

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Entre 20 nuevos prelados, designó a Luis Héctor Villalba, de Tucumán.

El papa Francisco nombró cardenal a otro argentino.

En su primera medida del año, el papa Francisco profundizó los cambios en la Iglesia católica con la designación de 20 nuevos integrantes del Colegio Cardenalicio, el órgano encargado de asesorar al Sumo Pontífice en el gobierno del Vaticano. Entre ellos se encuentra el arzobispo emérito de Tucumán, Luis Héctor Villalba, uno de los pastores más cercanos a Francisco desde la época en que se lo conocía como Jorge Bergoglio.

De los 20 elegidos, quince tienen menos de 80 años, mientras que los cinco restantes ocupan puestos eméritos, entre ellos Villalba. Sólo aquellos que tengan menos de 80 serán considerados “electores” y podrán votar cuando sea necesario elegir el Papa que sucederá a Francisco.

De los nuevos cardenales elegidos, apenas un cuarto proviene de Europa. El resto se desempeña en distintos continentes. Su elección es un nuevo gesto de Francisco para profundizar la participación de las diócesis periféricas en la conducción de la Iglesia.

Quién es Luis Héctor Villalba

Nacido en Buenos Aires hace 80 años, Villaba se desempeñó como arzobispo emérito de Tucumán. Tuvo el privilegio de ser una de las personas que desde un primer momento supo cuáles serían los pasos que el papa Francisco iba a dar días después de ser ungido como nuevo líder de la iglesia católica.

La razón no es otra que el conocimiento que tenía del Sumo Pontífice por haber trabajado codo a codo con él durante seis años consecutivos en el Episcopado Argentino, cuando Jorge Bergoglio era presidente y Villaba, vicepresidente primero.

En base a esa experiencia, que le permitió compartir decenas de charlas de amistad y viajes a Roma, el arzobispo emérito de Tucumán definió al Sumo Pontífice -en una charla con el diario La Gaceta- de manera breve, pero contundente: “Lo conozco bien, es un hombre sencillo, simple, muy cercano a la gente, sin protocolo, muy fraterno, con una gran capacidad de discernimiento. Es un hombre misericordioso, es el estilo de Jesús”.

Durante el Ángelus, Francisco anunció primero ante la plaza San Pedro los nombres de los 15 cardenales menores de 80 años elegidos. Ellos son:

1 – Dominique Mamberti, Arzobispo titular de Sagona, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.

2 – Manuel José Macário do Nascimento Clemente, Patriarca de Lisboa (Portugal).

3 – Berhaneyesus Demerew Souraphiel, C.M., Arzobispo de Addis Abeba (Etiopía).

4 – John Atcherley Dew, Arzobispo de Wellington (Nueva Zelanda).

5 – Edoardo Menichelli, Arzobispo de Ancona-Osimo (Italia).

6 – Pierre Nguyên Văn Nhon, Arzobispo de Hà Nôi (Vietnam).

7 – Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia (México).

8 – Charles Maung Bo, S.D.B., Arzobispo de Yangón (Myanmar).

9 – Francis Xavier Kriengsak Kovithavanij, Arzobispo de Bangkok (Tailandia).

10 – Francesco Montenegro, Arzobispo de Agrigento (Italia).

11 – Daniel Fernando Sturla Berhouet, S.D.B., Arzobispo de Montevideo (Uruguay).

12 – Ricardo Blázquez Pérez, Arzobispo de Valladolid (España).

13 – José Luis Lacunza Maestrojuán, O.A.R., Obispo de David (Panamá).

14 – Arlindo Gomes Furtado, Obispo de Santiago de Cabo Verde (Archipiélago de Cabo Verde).

15 – Soane Patita Paini Mafi, Obispo de Tonga (Islas de Tonga).

A continuación, informó que también se incorporarán al colegio cardenalicio cinco arzobispos y obispos eméritos de más de 80 años “que se han distinguido por su caridad pastoral en el servicio a la Santa Sede y a la Iglesia”. Ellos son:

1 – José de Jesús Pimiento Rodríguez, Arzobispo emérito de Manizales (Colombia).

2 – Luigi De Magistris, Arzobispo titular de Nova, Pro-Penitenciero Mayor emérito (Italia).

3 – Karl-Joseph Rauber, Arzobispo titular de Giubalziana, Nuncio Apostólico (Túnez).

4 – Luis Héctor Villalba, Arzobispo emérito de Tucumán (Argentina).

5 – Júlio Duarte Langa, Obispo emérito de Xai-Xai (Mozambique).

Según el Código de Derecho Canónico, los cardenales quedan por su solo nombramiento incorporados al clero de Roma como colaboradores del Papa, tanto en la Curia Romana como en las Congregaciones Romanas. Si no tienen diócesis a su cargo, deben residir en el Vaticano, aunque no es este el caso de ninguno de los designados.

El texto especifica que los elegidos deberán ser hombres destacados por su conocimiento de la doctrina, sus buenas costumbres, su piedad y su prudencia. Todos los designados estarán en condiciones de emitir su voto cuando sea necesario elegir un nuevo Sumo Pontífice.

EL “ALZHEIMER ESPIRITUAL”

El papa Francisco, en un fuerte discurso para los saludos de Navidad, advirtió hoy sobre las 15 enfermedades que están al acecho y amenazan a la Iglesia y a la Curia romana.

“Una de las primeras enfermedades y tentaciones, explicó Francisco, es la sentirse inmortales, inmunes o incluso indispensables, descuidando los necesarios y habituales controles, el corazón de piedra y el cuello duro, el alzheimer espiritual, la esquizofrenia existencial, el terrorismo de los chimentos”.

El Pontífice dijo que “una curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no trata de mejorarse, es un cuerpo enfermo. Una visita al cementerio nos ayudará. También la enfermedad de los que se transforman en patrones y se sienten superiores y no al servicio de todos. Es la patología del poder. El complejo de los elegidos, el narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen que no ve la imagen de Dios impresa sobre el rostro de los otros especialmente de los débiles y necesitados”, subrayó Jorge Bergoglio.

La segunda -prosiguió el Papa- es la “enfermedad del martalismo, que viene de marta, la enfermedad de los que “se sumergen en el trabajo descuidando la parte mejor, la de sentarse a los pies de Jesús”.

Y añadió: “Descuidar el necesario reposo lleva al stress y a la agitación, un tiempo de reposo para transcurrir con los familiares es necesario, como es necesario respetar las vacaciones como momentos de recarga espiritual y física”.

La tercera enfermedad, siguió Francisco, “es la del endurecimiento mental y espiritual, el corazón de piedra y duro cuello de los que en el camino pierden serenidad interior, audacia y se esconden bajo los papeles convirtiéndose en máquinas de prácticas y no hombres de Dios”.

La cuarta es la “enfermedad de la excesiva planificación, cuando el apóstol, observó Bergoglio, planifica todo minuciosamente convirtiéndose en un contador: preparar todo bien es necesario pero sin pilotear la libertad del Espíritu que es más generosas de cualquier planificación”.

Para Francisco, otra enfermedad para la iglesia, curia y grupo de fieles, es la “enfermedad de la mala coordinación: cuando los miembros pierden coordinación entre ellos, la Curia se convierte en una orquesta que produce ruido, porque sus miembros no colaboran y no viven el Espíritu de gracia”.

La sexta es la enfermedad del alzheimer espiritual, olvidar la historia de la salvación, la historia personal del Señor, del primer amor: se trata, explicó el Papa, de una declinación progresiva de las facultades espirituales, que en un tiempo más o menos largo hace a la persona o al grupo incapaz de una actividad autónoma….”.

Según dijo, sigue la enfermedad de la “vanidad y vanagloria” de quienes ven solo la “apariencia, los colores de los vestidos y las condecoraciones como verdadero objetivo de la vida, considerando a los otros según el propio interés. Esto nos llevar a ser falsos y a vivir un falso misticismo..”

El Pontífice prosiguió en su lista de quince enfermedades hablando de la esquizofrenia existencial, que lleva a una doble vida, la de los “chimentos y murmuraciones, ya hablé en tantas otras ocasiones”, recordó, la “enfermedad de divinizar a los jefes, de los que hacen la corte a los superiores para obtener la benevolencia, víctimas del oportunismo; la “enfermedad de la indiferencia hacia los otros, cuando cada uno piensa en sí mismo. La enfermedad de la “cara funérea, de las consideran que para ser seres es necesario mostrar el rostro de la melancolía y tratar a los otros, los considerados inferiores, con rigidez y arrogancia”.

Citó luego Bergoglio la enfermedad de los “acumulados, del que trata de llenar un vacío existencial acumulando bienes materiales”; la de los “círculos cerrados, donde la pertenencia al grupito se hace más fuerte que la al cuerpo y a Cristo mismo”; y por último, el Pontífice nombró la del “provecho mundano, del exhibicionismo, cuando el apóstol transforma su servicio en poder y su poder en mercadería para obtener provechos mundanos o para lograr más poder”. (ANSA, Fuente La Nación).

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