lunes 25 de septiembre, 2017

Julio Cobos está dispuesto para competir con Macri en las PASO.

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Piensa que la Convención Nacional de la UCR avanzará con las alianzas.

Julio Cobos está dispuesto para competir con Macri en las PASO.

 Preferiría mantenerse dentro del espacio UNEN pero cree que la Convención del radicalismo decidirá avanzar hacia un acuerdo con el PRO, como quiere Sanz. Quiere competir en las primarias con la tradicional lista 3. La semana que viene hará un acto en el Conurbano.

Aunque insiste públicamente con que el radicalismo debe quedarse dentro del Frente Amplio UNEN, Julio Cobos sabe que la posibilidad de que eso suceda es inexistente. El ex vicepresidente tiene la certeza de que los votos de la Convención Nacional de la UCR, que el 14 se marzo definirán la política de alianzas, se inclinarán por la participación del partido en una interna ampliada, como promueve Ernesto Sanz. Al mendocino no le quedará otra que acatar la decisión pero ya definió que, pase lo que pase, no bajará su candidatura presidencial.

Envalentonado por el triunfo del radicalismo en la ciudad de Mendoza, donde el candidato Rodolfo Suárez compitió con la lista 3 y logró casi el 60 por ciento de los votos (más allá de que recibió el apoyo, casi simbólico del PRO) , Cobos hará el jueves 5 de marzo una especie de relanzamiento de su candidatura en el conurbano bonaerense. El diputado volverá a proclamar sus intenciones de competir por la Presidencia desde el teatro Español, de Lomas de Zamora, donde estará acompañado por los diputados y senadores que le responden, como Luis Petri, Héctor “Cachi” Gutiérrez y Laura Montero, y por el sector del alfonsinismo, encabezado por Ricardo Alfonsín y Miguel Bazze, alineados con su candidatura.

Aunque irá a la Convención a plantear su idea de que la UCR debe mantener su sociedad con el socialismo, el Gen, y el resto de los partidos que integran – o al menos integraban, al momento de su constitución- el Faunen, Cobos sabe que su posición quedó debilitada en las últimas semanas. En la conducción del partido prima la idea de que la UCR debe participar en una primaria ampliada con el PRO, según la mirada de Sanz, y con el Frente Renovador, como quiere Gerardo Morales. Esa idea se habría impuesto ya entre los convencionales que votarán en Gualeguaychú.

Ante esa realidad, el ex vicepresidente tiene el camino cerrado. Ya no tiene margen para desobedecer al partido, como hizo en 2007 cuando decidió ser compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner y fue expulsado de por vida de la UCR. Aquel acto de rebeldía le fue perdonado después de su voto no positivo, cuando volvió al redil radical como un cotizado presidenciable, con la intención de voto en alza. Pero la jugada individual ya no puede ser reeditada. Aunque en la actualidad sigue siendo el candidato radical que mejor mide en las encuestas y prefería avanzar en un acuerdo con Hermes Binner , e incluso en una fórmula conjunta, Cobos tiene claro que no puede volver a sacar los pies del plato.

El escenario probable que le dejará al mendocino la post Convención será el acuerdo de la UCR con el candidato presidencial Mauricio Macri. Ante esa situación, Cobos buscará competir con el jefe de Gobierno en una primaria, de la que en principio también participaría Sanz, cuya precandidatura sigue en pie. Aunque durante meses se intentó instalar el rumor de que había resuelto bajar a Mendoza para competir por la gobernación – que tenía prácticamente asegurada, según las encuestas – y ahora se rumorea que podría buscar una candidatura a senador – algo totalmente descartado por sus allegados – el ex vicepresidente intentará ser el representante de la tradicional lista 3 en las primarias del 9 de agosto. (Fuente Letra P).

CONVERSACIONES CON EL PRO

Primer acto: En la madrugada del 15 de marzo, el secretario de actas de la Convención Nacional de la UCR, lee en Gualeguaychú las conclusiones de la reunión que, palabra más, palabra menos, disponen “ampliar el marco de alianzas para garantizar la recuperación de las instituciones republicanas, sobre la base de acuerdos programáticos y de gobernabilidad”.

Segundo acto: Una comisión creada al efecto, bajo el control del jefe partidario, Ernesto Sanz, y con mandato de la Convención, recomienda aprobar un frente con el PRO, por ser “la más conveniente” para los intereses del partido y de los “cambios” que necesita el país. Se descartan otras opciones por riesgos de desviaciones “populistas” (léase Sergio Massa) o “poco competitivas” (léase Hermes Binner y los restos de UNEN).

Aunque los caminos imaginados no suelen ser lineales, un minucioso relevamiento realizado por Clarín demuestra que ese es el destino que presagian los referentes que reúnen una contundente mayoría en los organismos partidarios: la adhesión a la candidatura de Mauricio Macri para las elecciones de octubre. Y estiman una fecha para concretarla: las dos primeras semanas de abril.

Se trata del plazo máximo que les concedió el negociador mayor del macrismo, Emilio Monzó, a las sucesivas comitivas que fueron a tantearlo en sus oficinas del Bajo porteño. “Ya arranca la campaña y si el partido no se define los empezamos a sumar de a uno”, las intimó el ex operador peronista.

Las negociaciones siempre son arduas, pero la cúpula radical no llegará a la Convención con las manos vacías: circulan “papers” de acuerdos precocinados entre tríos de emisarios radicales (todos ex miembros de la Junta Coordinadora) y macristas (mayoría de bonaerenses), con condiciones “digeribles” por unos y otros para concertar el frente electoral, que hasta tiene un nombre tentativo: “Juntos”.

En principio, Macri accedería a competir en las PASO con una fórmula radical, y a analizar el armado de listas conjuntas de diputados, exigencia de la contraparte, que teme un corrimiento de sus referentes locales hacia la boleta del PRO para garantizarse el acceso a las elecciones generales. Pondría como reparos la aceptación de sus otros aliados, Elisa Carrió y Luis Juez, o el de alguna otra fuerza que se acople. “No será un matrimonio Macri-UCR”, aclaran cerca del jefe de Gobierno. Otro apunte del borrador es la flexibilización de las alianzas en Jujuy, Formosa, La Rioja, Catamarca y Santa Cruz. Allí el gobernador se vota junto al presidente y los candidatos radicales necesitan de macristas y massistas para ganar.

Más allá de las voces de protesta que se alzarán en la capital del Carnaval (la Convención está poblada de librepensadores y de cargos repartidos por descarte), el llamado a dialogar con toda la oposición tiene el impulso de los dirigentes con mayor estructura, Sanz y Gerardo Morales, más el consentimiento resignado del tándem Ricardo Alfonsín-Julio Cobos. Así, los votos para el “primer acto” están garantizados. De los tres polos, Morales es el único que milita hoy contra el acuerdo con Macri, porque ya selló un arreglo con Massa para poder alcanzar el poder en Jujuy. Queda en minoría.

La ecuación es la siguiente. Los radicales convencidos de ir con el PRO suman en los distritos más poblados (Capital, Córdoba, parte de Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos) y temen que su electorado se incline espontáneamente por la opción no peronista mejor posicionada.

Se montan, además en un puñado de argumentos de última hora: el crecimiento de Macri en las encuestas (en las últimas muestras de Management & Fit y de Poliarquia aparece primero), su alianza con el santafesino Carlos Reutemann y la autodestrucción de UNEN. Y acaban de ganar para su causa al alfonsinismo, sostén de la candidatura presidencial de Cobos. Un emisario de Alfonsín, jefe de la UCR bonaerense, negocia con el macrismo el apoyo para los 37 municipios donde su partido ganó la elección de concejales en 2013, de los cuales 17 ya gobierna.

Hay todavía hilos sueltos que deberán atarse en la interna radical. Sanz negocia para ser el rival de Macri en las PASO, pero Cobos lo supera en las encuestas y sostiene que no se baja de su candidatura. Dicen que a último momento el jefe radical daría un paso al costado para quedar como futuro jefe de Gabinete. Pero en ese caso, las listas terminarían armándose “a cara de perro”. (Fuente El País).

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