sábado 23 de septiembre, 2017

El bochorno de Tucumán debe servir para modificar el obsoleto sistema electoral.

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El bochorno de Tucumán debe servir para modificar el obsoleto sistema electoral.

En el distrito menos extenso del país se presentaron en diferentes categorías 25.000 candidatos provenientes de 500 partidos. ¡Un despropósito total! que marca claramente cuan extravagante es la atomización política argentina.
El régimen político argentino está evidenciando miserias que se suponían erradicadas varias décadas atrás; demostrando que además de utilizar metodologías arcaicas, prácticas deleznables y procedimientos electorales perimidos, alberga dirigentes y funcionarios inescrupulosos proclives a perpetrar fraude (*) y hasta el asesinato artero (tal lo ocurrido en Jujuy a un joven militante de la UCR).

El sistema electoral nacional es de lo más anacrónico, prácticamente en desuso en las democracias del mundo; el empleo de boletas que en algunos distritos contiene 6,7 u 8 tramos, complejizadas por el invento criollo de las colectoras. Empero el Gobierno nacional se viene resistiendo a cambiar tan vetusto instrumento, pese a la cantidad de proyectos propuestos en el Congreso durante la última década, desestimando metodologías comprobadas en diferentes países e inclusive experiencias exitosas de boleta única en Santa Fe y Córdoba o voto electrónico de Salta y la Capital Federal.

Cualquier comparación resulta archí elocuente, la incorporación de los sistemas citados redundan en beneficios concretos e incuestionables:

–Seguridad y Transparencia: Destierra la posibilidad del robo de boletas, el voto “cadena” y otros ardides comiciales.

–Minimiza notablemente la cantidad de fiscales: Lo que perjudica notoriamente a los partidos más chicos y favorece a los regímenes gobernantes.

–Reduce abismalmente los costos del acto eleccionario: (Las fuerzas principales imprimen hasta 6 boletas por cada votante).

–Agiliza exponencialmente la rapidez del escrutinio: Con lo que además del tiempo que economiza, hace a la transparencia del comicio.

A los vicios del actual sistema electoral nacional hay que agregarle los artilugios que imperan en algunas provincias, tales como la “Ley de Lemas” o el de “acoples” que rige en Tucumán y el domingo pasado alcanzó su máxima expresión: Se originaron 1.275 combinaciones de colectoras, que a la postre determinaron que en el distrito menos extenso del país se presentaran en diferentes categorías 25.000 candidatos provenientes de 500 partidos o fuerzas políticas. ¡Un despropósito total! que marca claramente cuan extravagante es la atomización política argentina.

Tucumán es cuantitativamente el sexto distrito electoral del país con el 3,65% del padrón nacional, convertido en el centro de atención producto de los vergonzosos hechos de violencia y vandalismo, que consternaron la jornada. El menú delictivo comprendió la quema de 42 urnas (lo que nos retrotrae a las páginas más espantosas de la historia argentina). En distintas mesas y algunas localidades se debió suspenderse la votación.

Las irregularidades determinaron que la Junta Electoral suspendiese el escrutinio provisorio cuando faltaban contabilizar 611 mesas, los guarismos por entonces daban triunfador al candidato a Gobernador del Frente para la Victoria Juan Manzur, y si bien posiblemente resulte el ganador, las denuncias radicadas enlodan todo lo acontecido en lo que debió haber sido una fiesta cívica.

Los apoderados del Frente del Bicentenario respaldado por las alianzas opositoras Cambiemos, Una y Progresistas, presentaron adulteraciones de actas labradas por autoridades de mesa y refrendada por fiscales, en las que se le restaban sufragios a la formula “Cano-Amaya”, sumándoselo al FpV y/o alguna otra agrupación sin chances electorales. Asimismo se descubrieron urnas ingresadas al “cuarto oscuro” ya completas de boletas oficialista. Las mesas cuestionadas superan las 200.

Las anomalías ocurridas desataron una protesta popular que concentró en la Plaza más de 25.000 personas, entre los que se encontraban familias enteras con chicos, jóvenes y ancianos, que se movilizaban pacíficamente. Algunos agentes de policía vestidos de civil provocaron incidentes, dando así lugar a que efectivos policiales entraran en acción

La represión de la policía provincial que responde al gobernador José Alperovich, fiel exponente del kirchnerismo a ultranza, reprimió brutalmente a los manifestantes, arrojando gases lacrimógenos, balas de goma, lanzando sobre ellos la caballería y las motos, dejando un saldo de 22 heridos.

En la noche de ayer martes, nuevamente el pueblo tucumano indignado salió a reprobar uno de los sucesos más bochornosos del democracia argentina. (Por: Aldo Norberto Bonaveri / Fuente Pregón Agropecuario).

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