lunes 25 de septiembre, 2017

La vigencia de los ideales de Raúl Alfonsín a siete años de su fallecimiento.

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El ex presidente radical fue un ejemplo de honestidad, valentía y valores democráticos.

La vigencia de los ideales de Raúl Alfonsín a siete años de su fallecimiento.

Los valores del respeto, el diálogo, el equilibrio de poderes y la política por el bien mayor son hoy uno de los principales reclamos de la sociedad y aquellos por los que Alfonsín luchó toda su vida. Cuando murió, el 31 de marzo de 2009, miles de argentinos se movilizaron para despedirlo y, así, reivindicar y rendir homenaje a quien fue el gran constructor de la democracia perdurable que tenemos.

Hace siete años, se fue el constructor de las bases de esta democracia que, en un país con idas y vueltas dictatoriales, ya lleva 33 años consolidada. La solidez de su “nunca más” perduró incluso en su ausencia, como debe ocurrir cuando la política se piensa a futuro y no para las campañas electorales o llenar una plaza. Raúl Alfonsín trascendió su presidencia, el radicalismo, el país y sus políticas.

La muerte del ex presidente, ocurrida el 31 de marzo de 2009, resignificó para gran parte de los argentinos la figura líder radical como símbolo de la transición democrática y el fin del ciclo de golpes de Estado que caracterizó al siglo XX en nuestro país, que se inició justamente con el derrocamiento de su correligionario Hipólito Yrigoyen, en 1930.

“Compatriotas, iniciamos todos hoy una etapa nueva de la Argentina. Iniciamos una etapa que sin duda será difícil, porque tenemos todos la enorme responsabilidad de asegurar hoy y para los tiempos, la democracia y el respeto por la dignidad del hombre en la tierra argentina”, dijo Alfonsín desde los balcones del Cabildo, el 10 de diciembre de 1983, día en el que asumía como primer presidente constitucional.

Y así fue. Pero además de hacer frente a llevar adelante un país atravesado por el dolor de los desaparecidos y la amenaza siempre latente de los levantamientos militares, tuvo que afrontar la difícil tarea económica de rescatar a la Argentina que tenía un alto endeudamiento externo, que estaba absolutamente desindustrializada y donde los índices de pobreza se habían disparado durante la dictadura y eso se veía en la gran cantidad de villas de emergencia que aparecieron. La deuda social y política era enorme. Además, luchaba contra corporaciones económicas locales e internacionales.

Así y todo, pudo igual abocarse a las tareas de consolidar la democracia y a poco de asumir el gobierno, Alfonsín impulsó la anulación de la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que tuvo el objetivo de investigar los crímenes cometidos durante el terrorismo de estado.

En 1984 se publicó el Nunca Más y al año siguiente se llevó a cabo el histórico juicio a las juntas militares que condenó a los principales jerarcas del régimen que ubicó al país en el sitial de las pocas naciones del mundo que juzgaron a los responsables de cometer genocidios.

El 31 de marzo de 2009, a las 20.30, murió Raúl Alfonsín y el reconocimiento de la gente fue conmovedor. El Congreso de la Nación, donde se realizó su velatorio estaba lleno adentro y afuera por muchas cuadras, y otros miles de argentinos acompañaron el cortejo fúnebre hasta el cementerio de la Recoleta, para expresar su último adiós al líder radical.

Miles de argentinos se movilizaron por las calles y el Congreso Nacional para rendir homenaje al ex presidente a Raúl Alfonsín.

El gran acompañamiento en su último adiós.

El Gobierno de Argentina decretó tres días de duelo nacional por el fallecimiento y sus restos fueron velados desde primeras horas del 1 de abril de 2009 en el Salón Azul al que concurrieron además de autoridades y políticos de distintos partidos un número aproximado de 80.000 personas que debió esperar en fila entre cinco y seis horas.

Entre las autoridades políticas que participaron del acto se encontraban los ex presidentes Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Fernando De la Rúa y Néstor Kirchner; la ex presidenta Cristina Fernández no pudo estar presente por encontrarse en la Cumbre del G-20 de Londres pero hizo llegar sus condolencias.

Miles de personas se acercaron al Congreso para despedir al ex presidente a tal punto que se decidió que las puertas del Parlamento permanezcan abiertas toda la noche para dar cabida a la afluencia de la gente que quiere darle el último adiós al líder radical.

Una guardia de honor del Regimiento de Granaderos permanecía próxima al féretro de los restos mortales del ex presidente y toda su familia, incluido uno de sus seis hijos, Ricardo Alfonsín (el único que lo acompañó en la política), estuvo presente en salón Azul, desde las 8, cuando se inició el velatorio.

También miles de personas, ya desde temprano, se acercaron al Congreso -cuyas adyacencias fueron cortadas al tránsito vehicular- y empezaron a hacer una larga y casi interminable hilera por Entre Ríos y su continuación Callao para despedir los restos del ex presidente.

Había banderas radicales, partido al que abrazó desde su juventud, militantes de la JR, de Franja Morada y también banderas argentinas y cientos de coronas florales con múltiples mensajes.

Las luminarias de la cúpula del Congreso permanecían encendidas y la bandera del Parlamento estaba izada a media asta en señal de duelo por tres días. Al día siguiente, fueron llevados en una cureña militar escoltada por el Regimiento de Granaderos a Caballo al Cementerio de la Recoleta y miles de personas que lo honraron.

Los restos del ex presidente descansaron provisoriamente en la bóveda de los caídos en la Revolución del Parque hasta que el 16 de mayo de ese año fueron trasladados a un monumento individual en el mismo cementerio en un lugar construido sobre mármol.

Para Alfonsín, la democracia implicaba valores como el respeto, el diálogo, el equilibrio de poderes que hoy se siguen buscando en Argentina. Después de su presidencia, siguió militando el país para que se alcanzaran y advirtiendo lo que luego ocurrió: la instauración de un sistema conservador con economía neoliberal que llevaría a una nueva frustración.

Sin duda, recogió en su incansable camino mucho afecto y reconocimiento de los argentinos, pero su prioridad siempre fue el bien común y lejos de estos egocentrismos, Alfonsín hubiera preferido lo que después de su muerte ocurrió: que la memoria colectiva realce los valores que pregonó toda su vida y que hoy, más que nunca, son los que se están reclamando desde una sociedad harta de corrupción, intereses personales y políticas que no trascienden los gobiernos y no apuestan al futuro, ese en que Alfonsín será eternamente recordado. (Fuente Diario Inédito)

RICARDO ALFONSIN

“Llevamos tu sonrisa como bandera, y cada día te necesitamos más”, escribió en su cuenta oficial de Twitter su hijo, el diputado Ricardo Alfonsín.

Por su parte, la UCR bonaerense recordó en un comunicado su “inmenso legado histórico y sus preclaros conceptos republicanos y democráticos que abrigan a nuestra la ciudadanía respetuosa de las libertades públicas”.

Con las etiquetas #GraciasAlfonsín #GraciasRaúl #DemocraciaParaSiempre, la UCR porteña también lo homenajeó en el aniversario de su muerte y publicó en su cuenta de la red social: “Pasaron 7 años y cada día se te extraña más”.
También recordaron su figura como la del “gran militante de la vida, el incansable luchador en la defensa de los derechos humanos y arquitecto del verdadero camino de los valores democráticos que los todos argentinos podemos transitar”.

En tanto, el dirigente radical Leopoldo Moreau afirmó por Twitter que “el alfonsinismo sigue vivo en nosotros y en los jóvenes que se están agrupando en el Movimiento Nacional Alfonsinista-FORJA”.

Otro dirigente del partido centenario, el ex senador Nito Artaza indicó que “el camino y los valores de Alfonsín hoy más que nunca nos tienen que guiar”.

ADNbaires/

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