viernes 24 de noviembre, 2017

Llegó Cristina a Buenos Aires y pidió que “no vayan a Comodoro Py”.

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Llegó Cristina a Buenos Aires y pidió que “no vayan a Comodoro Py”.

La ex presidenta de la Nación Cristina Kirchner arribó a la ciudad de Buenos Aires a las 21.45 desde El Calafate en el vuelo 1893 de Aerolíneas Argentinas. Cristina se presentará mañana en los tribunales de Comodoro Py para realizar un trámite pedido por el juez Claudio Bonadio por la investigación de la venta de dólar futuro.

Según informaron algunos medios televisivos presentes en el lugar, Cristina llegó a Aeroparque y fue escoltada por su equipo de custodios, que la esperaba en una salida alternativa. De esta manera evitó salir por la puerta principal del aeroparque Jorge Newbery donde unos pocos militantes la esperaban.

Por pedido explícito de la ex presidenta, los seguidores de Cristina no la acompañarán mañana como suelen hacerlo en su encuentro con el juez federal Claudio Bonadio.

“Por eso, mañana les pido que por favor no vayan a Comodoro Py. Allí, como siempre con el auspicio de Clarín, medios afines y la inestimable colaboración del Poder Judicial, el Gobierno prepara un capítulo más de la distracción permanente como único método de gestión. La otra vez hubo carros de asalto, escuadrones enteros de Gendarmería, camiones hidrantes, perros, infantería de PFA. Fue nuestra decisión la que impidió escenario de violencia y represión tan deseado y buscado para tapar lo horrible que son gobernando. Por favor, dejémoslos solos para que puedan exhibir, una vez, su ineficiencia y mediocridad”, dijo Cristina en una carta publicada en su cuenta de Facebook.

Como informó LA NACION, la ex jefa del Estado debía presentarse el viernes pasado ante el juez, pero no lo hizo. Argumentó que no podía viajar hasta el 1° de diciembre por el cumpleaños de su nieto y se presentó ante el juez federal de Río Gallegos, Javier Leal de Ibarra, a quien entregó un escrito a las 11.01 y le pidió que ordenara realizar los trámites demandados por el magistrado porteño en la casa donde ella vive en esa ciudad patagónica. (Fuente La Nación/Foto de archivo)

CRISTINA Y FIDEL

Cristina Kirchner escribió una columna en Página 12 sobre la muerte de Fidel Castro. Allí lo recordó con emoción.

“Hoy por la mañana, un celular inundado de mensajes me informaba que ayer, 25 de noviembre, Fidel partió”, contó cómo se enteró de la noticia.

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“Pensé: se fue el último de los modernos, el último de los lideres globales anteriores a la caída del Muro de Berlín. De pronto me inundaron las voces y las imágenes de hombres y mujeres que marcaron la vida política de generaciones en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo. Ideas, programas, compromisos claros y precisos, que tenían su eje en la política como motor transformador, casi incunables en tiempos de posmodernidad y era líquida”, afirmó Cristina sobre Fidel.

Y, haciendo un paralelismo sobre el 25 de mayo que Néstor Kirchner asumió como presidente argentino, escribió: “Fidel, el último moderno se fue un 25, para quedarse para siempre”.

LA COLUMNA COMPLETA

El 25 de mayo de 2003 lo conocí personalmente. Treinta años después de haber estado en la misma plaza festejando el fin de la dictadura y la asunción de Cámpora, hablaba mano a mano con Fidel Castro, la noche que mi compañero asumía como Presidente de la Nación.

Más tarde nos encontramos en la Cancillería, escuchamos juntos a Miguel Ángel Estrella, el concertista de los changos cañeros en Tucumán. Había terminado de ejecutar una de sus memorables interpretaciones. Otro país y muchos sueños.

Lo volví a ver en la Habana, en enero del 2009, casi dos años después de haber asumido mi primera presidencia, en mi también primera visita oficial a Cuba. La prensa canalla global decía que Fidel había muerto y que “el régimen” lo ocultaba. Le pedí a Raúl si podía verlo: me miró fijo y me dijo que no. Le insistí, no me acuerdo con qué argumentos, pero debieron ser convincentes porque al otro día me vino a buscar él, personalmente, en un auto y me llevaron a verlo.

No estaba en su casa. Me recibió en una pequeña sala de estar, de uno de los tantos establecimiento de salud con que cuenta la isla, junto a Dalia, su compañera, que no se despegó un instante de su lado. Me acuerdo que Obama había asumido en esos días como el primer presidente afro-americano de EE.UU. y un optimismo voluntarista (ahora puedo decodificarlo) nos invadía a muchos, no a todos. Debo reconocer que Néstor fue escéptico desde un primer momento.

Charlamos mucho con Fidel, se estaba reponiendo de un problema en su rodilla, si mal no recuerdo. Escuchaba atentamente mi entusiasmo y con mucha elegancia y mayor experiencia me dijo, palabras más palabras menos: “El gobierno de EE.UU. es un sistema, no un presidente”. Luego seguimos hablando de geopolítica y ciencia, una disciplina que siempre lo apasionó tanto como a mí.

Al final de la charla nos tomaron una foto que inmortalizó el encuentro, no por mí, claro, sino porque era la primera foto de Fidel en muchos meses, durante los cuales los conocidos de siempre lo dieron por muerto en letra de molde. Recuerdo que no pocos medios internacionales y por supuesto nacionales, faltaba más, dijeron que la foto era trucada, y que yo era parte de la “maniobra”. ¿Alguna vez pedirán disculpa por tanta mentira, tanto agravio y tanto cinismo? Debo confesar, igual que Fidel y Néstor con Obama, mi escepticismo.

Se sucedieron después de aquella primera vez, nuevos encuentros, por suerte nunca más en un centro de salud. Me recibía en su casa junto a Dalia. Alguna vez nos acompañó Florencia, mi hija. La última vez me invitó a almorzar junto a su familia: Dalia, los hijos, los nietos y hasta su bisnieta. Le gustaba explicar absolutamente todo: hasta lo que comíamos era motivo de un análisis minucioso y detallado. La lucidez, la información al día y la avidez para enterarse y conocer lo que aún le faltaba eran francamente asombrosas.

Sentí que habíamos logrado crear una relación casi familiar, de sobremesa. Nunca te hacía sentir que estabas hablando con una leyenda universal y viviente.

Hoy por la mañana, un celular inundado de mensajes me informaba que ayer, 25 de noviembre, Fidel partió. Pensé: se fue el último de los modernos, el último de los lideres globales anteriores a la caída del Muro de Berlín. De pronto me inundaron las voces y las imágenes de hombres y mujeres que marcaron la vida política de generaciones en nuestro país, en Latinoamérica y en el mundo. Ideas, programas, compromisos claros y precisos, que tenían su eje en la política como motor transformador, casi incunables en tiempos de posmodernidad y era líquida.

Fidel, el último moderno se fue un 25, para quedarse para siempre.

ADNbaires/

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