jueves 23 de noviembre, 2017

Polémico proyecto de ley antivacunas de una diputada del PRO.

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Desde el Ministerio de Salud afirmaron que es "descabellado".

Polémico proyecto de ley antivacunas de una diputada del PRO.

La iniciativa, que quiere eliminar la obligatoriedad de las vacunas, fue presentada por Paula Urroz. 

De la mano de movimientos antivacunas, Estados Unidos y Europa han visto en los últimos años reaparecer enfermedades que estaban prácticamente erradicadas, como por ejemplo el sarampión. Y el tema llegó a tal nivel de preocupación, que este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un alerta. Es que, el sarampión es una enfermedad prevenible y potencialmente grave. En el mundo, mueren por sarampión 400 mil personas al año. En Argentina, la última muerte por sarampión fue en 1998. Situaciones similares están sucediendo con otras tantas enfermedades como la poliomielitis, la tos convulsa, la rubéola, la varicela, sólo por nombrar algunas de las enfermedades que hace muchos años causaban pánico en la población y se cobraban muchísimas vidas.

En la Argentina, en 1956 hubo una epidemia de poliomielitis que causó 6.000 muertes. Una verdadera epidemia que provocó un justificado pánico en la sociedad de aquella época, sobre todo porque era una enfermedad que atacaba a los niños, y los dejaba postrados y dependiendo de un pulmotor para respirar. Sin vacunas disponibles como tenemos hoy, en aquel entonces se corría la voz de que el virus estaba en el aire, pero que podía combatirse con lavandina y acaroína. Otra medida que se tomaba era pintar las paredes y árboles con cal, costumbre se mantuvo por muchos años, con la epidemia ya erradicada.

Sin embargo, avanzado ya medio año del 2017, la diputada de Unión PRO por la provincia de Buenos Aires, Paula Urroz, presentó un proyecto de ley antivacunas, con el objetivo de eliminar la obligatoriedad de la vacunación, a tono con los movimientos que en Europa y Estados Unidos están haciendo reaparecer “viejas” enfermedades, poniendo en duda su seguridad. El objetivo de este proyecto, según explicó la diputada, es que los médicos informen a los padres sobre las posibles reacciones adversas que pueden tener las vacunas y dejen abierta la posibilidad de optar por la no vacunación, bajo responsabilidad del médico.

La presentación de este proyecto, que aún no llegó siquiera a su tratamiento en comisión, provocó un fuerte rechazo en la comunidad médica. Empezando por el propio Ministerio de Salud. Esta mañana, el doctor Jorge San Juan, subsecretario de estrategias de atención y salud del Ministerio de Salud de la Nación, calificó la iniciativa de “descabellada”. “No conozco el proyecto, pero me parece descabellado. El Ministerio trabajó muchos años para imponer la vacunación de carácter obligatorio. Gracias a eso y a las que se fueron incorporando en los últimos años, Argentina es uno de los tres países con mayor cobertura de vacunación, con 19 vacunas en el plan nacional”, dijo el funcionario en declaraciones radiales.

La ministra de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Zulma Ortiz, publicó ayer una serie de tuits en la misma línea, en claro rechazo al proyecto de Urroz, de su mismo distrito y partido político. “Según UNICEF las vacunas salvan la vida de 2 a 3 millones de niños por año. Ser vacunado o no puede marcar la diferencia entre vida y muerte”, escribió la funcionaria. Este mediodía, el Ministerio de Salud de la Provincia emitió un comunicado en el que afirma defiende la vacunación como “una intervención sanitaria preventiva mediante la cual podemos proteger a las personas de enfermedades muy graves, muchas de las cuales los padres hoy en día no conocen ni han podido ver sus efectos y secuelas debido a que la población ya está vacunada”. Y cuestiona que se ponga en duda la vacunación, porque “el resultado de la indecisión es aumentar innecesariamente el periodo de exposición al riesgo de contraer una enfermedad prevenible”.

También las sociedades médicas salieron a coro en contra de esta iniciativa. “La vacunación, luego de la potabilización del agua, es el hito sanitario que más vidas ha salvado en el mundo a lo largo de la historia de la humanidad”, afirma, sin vueltas, un comunicado conjunto de la Sociedad Argentina de Inmunología, la Sociedad Argentina de Infectología y la Fundación Huésped.

En la misma línea se expresó la Sociedad Argentina de Pediatría, que aseguró que “la prevención es el acto de mayor impacto en la salud pública” y destacó que los programas de vacunación “son una herramienta de equidad, porque llegan a todos los niños de distintos estratos sociales” y son también “un elemento de solidaridad, porque cuando un individuo se vacuna, reduce el riesgo para quienes interactúan con él”.

Sobre este punto, la llamada “inmunidad de rebaño” que tiene la vacunación, la semana pasada se conoció un caso en Italia de un chico de 6 años con leucemia linfoblástica aguda (enfermedad que tiene un 85% de probabilidades de curación) que fue contagiado de sarampión por sus hermanos mayores, que no estaban vacunados por decisión expresa de su familia.

El chico murió por complicaciones pulmonares y cerebrales causadas por el sarampión, que afectó a su debilitado sistema inmunológico. De haber estado vacunados, los hermanos sanos habrían resguardado al pequeño con leucemia de la enfermedad, que no habría podido ingresar a ese hogar. De ahí, el llamado “inmunidad de rebaño”: las personas vacunadas protegen a aquellas que por cuestiones de salud no pueden vacunarse.

Al respecto, las sociedades científicas destacaron que “el sólo hecho de que un niño pueda quedar desprotegido por falta de vacunación representa un peligro social, ya que no sólo él queda vulnerable sino que también pone en riesgo a sus semejantes”.

El comunicado de las sociedades científicas destaca además que debido a la vacunación “la región de las Américas ha sido la primera en el mundo en eliminar la viruela, la poliomielitis, el sarampión, la rubéola y el síndrome de rubéola congénita”. Al respecto, la Argentina fue pionero al establecer la vacunación obligatoria y gratuita como bien social colectivo mediante la Ley nacional 22.909, vigente desde el año 1983.

Y por último, sobre la seguridad de las vacunas (unos de los argumentos que utilizan los movimientos antivacunas para rechazarlas) los especialistas recuerdan que las vacunas son medicamentos, y como tales, “cumplen la exigencia de ser eficaces y además, seguras”. Y agregan que “el caso de las vacunas es excepcional: además de ser efectivas, son extremadamente seguras”. (Fuente Clarín)

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